Después de ocho largos años.
Después de llanto y apego enfermizo-
Después de palabras dulces y risas.
Después de llanto y secretos.
En el mar de cariño y recuerdos.
En el enmarañado que eramos y somos tú y yo.
Hoy, mi luz lejana, te digo adiós.
Sombra ya no soy. Y mis manos aún pueden ser tuyas.
Pero, como estoy segura que querías, al fin puedo decir:
Es el primer día del resto de mi vida.
domingo, 3 de septiembre de 2017
miércoles, 16 de agosto de 2017
No quiero ser esa clase de persona.
La que se queda prendada del pasado y trata desesperadamente de no borrar las viejas huellas casi invisibles en la arena.
La que vive de recuerdos mitad verdades y mitad imaginaciones.
No quiero ser esa clase de persona.
El problema es que, aunque sé muy bien quién no quiero ser, aún no tengo idea de quién sí.
lunes, 31 de julio de 2017
Te dejo olvidado
De vez en vez, y una vez al año.
Unos cuantos meses, y a veces años.
Pero regreso a ti porque, pequeño pedacito de internet, eres el único que me escucha.
Unos cuantos meses, y a veces años.
Pero regreso a ti porque, pequeño pedacito de internet, eres el único que me escucha.
miércoles, 31 de mayo de 2017
lunes, 8 de mayo de 2017
01
la primera vez que escribí, era para hacer sentir mejor a alguien.
No recuerdo sobre qué hablaba exactamente, pero ella estaba feliz.
Me gustaba hacer feliz a la gente que amaba, ojalá pudiera hacerme feliz a mi también
No recuerdo sobre qué hablaba exactamente, pero ella estaba feliz.
Me gustaba hacer feliz a la gente que amaba, ojalá pudiera hacerme feliz a mi también
miércoles, 1 de marzo de 2017
Un día.
Algún día voy a leer esa
historia.
Probablemente sea, justamente, el
día que menos lo planee.
Cuando de estas cosas se trata,
suelo ser casi paranoica con mi supuesta preparación previa. Siento que eso me
hace lucir como si fuera una histérica, o una maníaca. Usando el termino de
manera demasiado exagerada.
Como si me preparara para un
ritual, en lugar de un par de horas a solas con el regalo en palabras de un
autor.
Y, aun así, siempre termino encontrándome
fallando con mi propia preparación y haciendo lo que mi mente, en un impulso de
idiotez repentino, decide es mejor.
Algún día voy a leer esa
historia.
Probablemente después de alguna
actividad mundana. Debatiéndome si estoy leyendo únicamente a creaciones de
tinta que ya conozco o estoy hablando con dos personas completamente nuevas.
Repasando las combinaciones y
deleitándome con las frases, recordando y relacionándolas con cosas que ya
sabía.
Pensando que es sorprendente cómo
cinco palabras juntas son capaces de desatar un torrente de lágrimas y una
sensación de calidez al mismo tiempo.
Algún día voy a leer esa
historia.
Probablemente imaginando más que
lo que las simples palabras cuentan.
Llenándome de ese viejo
sentimiento de calidez y seguridad que me aseguraban los viejos sueños que, en
mi juventud, veía como únicas metas de vida.
Rememorando fantasmas de algo que nunca pudo ser,
pero vive intensa e inamovible en alguna parte profunda de mi mente.
Enredándose con la realidad y creando un espacio donde todo es posible. Donde el
pasado no es mezquino y el futuro no es incierto.
Creando un presente donde
únicamente existen los sueños, y la posibilidad.
Sí, definitivamente, algún día
voy a leer esa historia.
domingo, 26 de febrero de 2017
Runabout
Como tantas noche y madrugadas, como en tantos amaneceres y noches en vela; me encontré a mí misma llorando nuevamente. El llanto no es un desconocido para mí. He llorado por muchas cosas en mi vida; por tristeza, de felicidad, inundada por la cólera, el amargo y vergonzoso llanto de la autocompación y el drenante y sentido que sólo trae un corazón roto.
Cuando era joven aún, solía entender perfectamente la razón de mis lágrimas. Nunca fui capaz de ponerlo en palabras, tímida y avergonzada de mis propios sentires, demasiado torpe e iletrada como para ponerle un nombre a lo que pasaba dentro mío. Demasiado ingenua para entender qué la extensión de lo que mi mente quería gestar. Empero, en mi fuero interno, allí donde uno es más humano- lograba darle sentido.
La conexión emocional que me llevaba a sollozar amargamente, a morderme los labios y presionar mis puños. Yo sabía lo que sentía mucho antes de que me atreviera a reconocerlo.
Al crecer, la razón comenzó a nublarseme. Mis recuerdos selectivos se encargaron de mantener vivos aquellas cosas que yo creía eran importantes, quizá pecando de dejar gran parte de la historia principal enterrada en las páginas arrancadas del metafórico calendario.
¿Por qué lloro ahora? me pregunto.
No puedo sentirme emocionalmente conectada a nadie. Al menos no a alguien que no conozco.
Pero, la verdad, es que entre tus palabras, enterrado en tus letras, creo que sigue la misma persona que conocí hace tanto.
Me pregunto si esas mismas lágrimas siguen siendo por los personajes de sangre de tinta y piel de papel, o si siempre te las he dedicado a ti.
Antes lloraba por tu tristeza, porque era envolvente y te ahogaba, con sus amargas olas de mar salada; como lágrimas.
Antes lloraba porque no encontraba otra manera de sentirme cercana a ti, mi manera patética e inútil de sentirme un poco más junto a ti. De compartir tus pesares y tus penas.
Antes lloraba porque te amaba y ni siquiera lo sabía.
Ahora, mi mente no está tan segura.
El sentimiento de constante tristeza se ha vuelto una cicatriz constante en mi pecho, una parte de mí que es incapaz de encontrar su propia existencia ahora.
Quizá lloro por que aún encuentro tu historia encantadora, el mismo sentimiento de un pordiosero al ser ofrecido de refugio.
Es como ver algo divino pasando por tu lado.
No puedes tocarlo y quizá nunca llegues a entenderlo.
Con sólo mirarlo sobra.
Cuando era joven aún, solía entender perfectamente la razón de mis lágrimas. Nunca fui capaz de ponerlo en palabras, tímida y avergonzada de mis propios sentires, demasiado torpe e iletrada como para ponerle un nombre a lo que pasaba dentro mío. Demasiado ingenua para entender qué la extensión de lo que mi mente quería gestar. Empero, en mi fuero interno, allí donde uno es más humano- lograba darle sentido.
La conexión emocional que me llevaba a sollozar amargamente, a morderme los labios y presionar mis puños. Yo sabía lo que sentía mucho antes de que me atreviera a reconocerlo.
Al crecer, la razón comenzó a nublarseme. Mis recuerdos selectivos se encargaron de mantener vivos aquellas cosas que yo creía eran importantes, quizá pecando de dejar gran parte de la historia principal enterrada en las páginas arrancadas del metafórico calendario.
¿Por qué lloro ahora? me pregunto.
No puedo sentirme emocionalmente conectada a nadie. Al menos no a alguien que no conozco.
Pero, la verdad, es que entre tus palabras, enterrado en tus letras, creo que sigue la misma persona que conocí hace tanto.
Me pregunto si esas mismas lágrimas siguen siendo por los personajes de sangre de tinta y piel de papel, o si siempre te las he dedicado a ti.
Antes lloraba por tu tristeza, porque era envolvente y te ahogaba, con sus amargas olas de mar salada; como lágrimas.
Antes lloraba porque no encontraba otra manera de sentirme cercana a ti, mi manera patética e inútil de sentirme un poco más junto a ti. De compartir tus pesares y tus penas.
Antes lloraba porque te amaba y ni siquiera lo sabía.
Ahora, mi mente no está tan segura.
El sentimiento de constante tristeza se ha vuelto una cicatriz constante en mi pecho, una parte de mí que es incapaz de encontrar su propia existencia ahora.
Quizá lloro por que aún encuentro tu historia encantadora, el mismo sentimiento de un pordiosero al ser ofrecido de refugio.
Es como ver algo divino pasando por tu lado.
No puedes tocarlo y quizá nunca llegues a entenderlo.
Con sólo mirarlo sobra.
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