miércoles, 1 de marzo de 2017

Un día.

Algún día voy a leer esa historia.
Probablemente sea, justamente, el día que menos lo planee.
Cuando de estas cosas se trata, suelo ser casi paranoica con mi supuesta preparación previa. Siento que eso me hace lucir como si fuera una histérica, o una maníaca. Usando el termino de manera demasiado exagerada.
Como si me preparara para un ritual, en lugar de un par de horas a solas con el regalo en palabras de un autor.
Y, aun así, siempre termino encontrándome fallando con mi propia preparación y haciendo lo que mi mente, en un impulso de idiotez repentino, decide es mejor.
Algún día voy a leer esa historia.
Probablemente después de alguna actividad mundana. Debatiéndome si estoy leyendo únicamente a creaciones de tinta que ya conozco o estoy hablando con dos personas completamente nuevas.
Repasando las combinaciones y deleitándome con las frases, recordando y relacionándolas con cosas que ya sabía.
Pensando que es sorprendente cómo cinco palabras juntas son capaces de desatar un torrente de lágrimas y una sensación de calidez al mismo tiempo.
Algún día voy a leer esa historia.
Probablemente imaginando más que lo que las simples palabras cuentan.
Llenándome de ese viejo sentimiento de calidez y seguridad que me aseguraban los viejos sueños que, en mi juventud, veía como únicas metas de vida.
 Rememorando fantasmas de algo que nunca pudo ser, pero vive intensa e inamovible en alguna parte profunda de mi mente. Enredándose con la realidad y creando un espacio donde todo es posible. Donde el pasado no es mezquino y el futuro no es incierto.
Creando un presente donde únicamente existen los sueños, y la posibilidad.

Sí, definitivamente, algún día voy a leer esa historia.

domingo, 26 de febrero de 2017

Runabout

Como tantas noche y madrugadas, como en tantos amaneceres y noches en vela; me encontré a mí misma llorando nuevamente. El llanto no es un desconocido para mí. He llorado por muchas cosas en mi vida; por tristeza, de felicidad, inundada por la cólera, el amargo y vergonzoso llanto de la autocompación y el drenante y sentido que sólo trae un corazón roto.

Cuando era joven aún, solía entender perfectamente la razón de mis lágrimas. Nunca fui capaz de ponerlo en palabras, tímida y avergonzada de mis propios sentires, demasiado torpe e iletrada como para ponerle un nombre a lo que pasaba dentro mío. Demasiado ingenua para entender qué la extensión de lo que mi mente quería gestar. Empero, en mi fuero interno, allí donde uno es más humano- lograba darle sentido.

La conexión emocional que me llevaba a sollozar amargamente, a morderme los labios y presionar mis puños. Yo sabía lo que sentía mucho antes de que me atreviera a reconocerlo.

Al crecer, la razón comenzó a nublarseme. Mis recuerdos selectivos se encargaron de mantener vivos aquellas cosas que yo creía eran importantes, quizá pecando de dejar gran parte de la historia principal enterrada en las páginas arrancadas del metafórico calendario.

¿Por qué lloro ahora? me pregunto.

No puedo sentirme emocionalmente conectada a nadie. Al menos no a alguien que no conozco.
Pero, la verdad, es que entre tus palabras, enterrado en tus letras, creo que sigue la misma persona que conocí hace tanto.
Me pregunto si esas mismas lágrimas siguen siendo por los personajes de sangre de tinta y piel de papel, o si siempre te las he dedicado a ti.

Antes lloraba por tu tristeza, porque era envolvente y te ahogaba, con sus amargas olas de mar salada; como lágrimas.
Antes lloraba porque no encontraba otra manera de sentirme cercana a ti, mi manera patética e inútil de sentirme un poco más junto a ti. De compartir tus pesares y tus penas.
Antes lloraba porque te amaba y ni siquiera lo sabía.

Ahora, mi mente no está tan segura.

El sentimiento de constante tristeza se ha vuelto una cicatriz constante en mi pecho, una parte de mí que es incapaz de encontrar su propia existencia ahora.

Quizá lloro por que aún encuentro tu historia encantadora, el mismo sentimiento de un pordiosero al ser ofrecido de refugio.
Es como ver algo divino pasando por tu lado.

No puedes tocarlo y quizá nunca llegues a entenderlo.

Con sólo mirarlo sobra.

martes, 10 de enero de 2017

Ethe a thé

Aún no puedo recordar el nombre del termino, así que inventar alguno que en mi mente signifique lo mismo, probablemente sirva para lo mismo.

Esta semana, de este particular mes, siempre es la más horrible del año. Hablando en términos especialmente subjetivos y estúpidos.
Siempre es horrible para mi, no hay manera de que termine gustándome.

Cuando era más joven probablemente hubiera sido capaz de explicar por qué odiaba tanto esta semana, pero ahora encuentro que mis razones están gastadas y sólo recibo el sentimiento por lo que es, no tengo intenciones de cambiarlo. No ahora, no nunca.

Me gustaría que la gente no sintiera felicidad por algo tan estúpido como una fecha, simplemente logran que el odio que ya tengo bullendo por mi incremente más y más.

Es posiblemente egoista, es estúpido, infantil y cuantos adjetivos denigrantes quieran ponerle.
No los voy a negar, ni lo voy a intentar.
pero así es como me siento.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Partizan Hope

Hay momentos en los que pienso que el único motivo por el cual no he muerto aún es porque nunca he tenido la oportunidad real de hacer lo que a veces mi mente maquina sola.
Años atrás parecía normal tener este extraño "plan de contingencia" almacenado en alguno de los archivos de mi mente, por si las dudas, por si acaso, para cuando sea necesario, para cuando esto pase.
La frase que lo corona ha ido cambiando con el paso de los años, volviéndose más real y más concreta.
Cada día que pasa algo termina de encajar mejor señalando a claras luces que es algo muy lógico, muy esperable.
Sigo sin entender porqué no lo hago, sin embargo.
Quizá luego, quizá luego.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Serenade to no one.

Los sentimientos son algo complicado, particularmente cuando se tratan de ti.

En las horas que suelo dedicarte, en mi mente, todo transcurre como una película que he visto mil veces. Nunca hay cambios magistrales, sólo algún detalle que pasé por alto por alguna razón.

Me aferro a esos detalles, como si alguno de ellos fuera a; mágicamente, mostrarme la respuesta a una pregunta que ni siquiera he terminado de formular.

Debe ser esa misma determinación la que aún me hace buscarte sin quererlo, la que aún ahora me hace recordarte con los detalles más tontos y reír porque llorar sería patético, más de lo que ya me crees.

Y debe ser ese perenne recuerdo tuyo el que me hace pensar que posiblemente te ame toda la vida, aunque no podría decírtelo. Tampoco, creo yo, que tú quieras escucharme.

Aún ahora desearía que tu dolor fuera mío, verte sufrir siempre ha sido un calvario continuo. Pero esa salida idílica, ridícula hasta para un cuento de hadas, no tiene significado alguno. Porque sé que en el fondo te enorgulleces de las cicatrices que llevas, que de alguna manera no podrías reconocerte a ti misma sin ellas.

No puedo hacer nada, entonces, más que admirarte de lejos y aceptar que no soy más parte de tu mundo. Que cualquier palabra que tenga para ti es tan duradera como una huella en la arena, que vale tanto como un saluda dado a un extraño.

Aún así, aún con mi batalla interna que aún parece alzarse a tu nombre. Aún si nunca más vuelvo a figurar más que como una tanta de las páginas pasadas de tu vida. Deja que esta tonta aún se enorgullezca de haber compartido, al menos un momento, de esta vida contigo.

viernes, 28 de octubre de 2016

Y si miras de cerca

Realmente no hay nada diferente.
Con la situación de hace unos años, eso es.
Si me remonto a la imagen deslucida de mi propio recuerdo hace tantos años grabada en mi mente, podría decir que mi propio nombre sería un oxímoron.

No recuerdo haber visto semejante diferencia en el mismo rostro. Aunque no es como si tuviera particular fascinación por analizar mi semblante, encuentro semejante tarea morónica y desalentadora. Deprimente, si me quiero poner un poco más refinada.

Termino encontrado un montón de nada aderezada con esfuerzos tirados al vacío. Y- es que en momento así me pregunto, ¿por qué sigo intentado? Parece que he llegado al punto donde las imágenes dibujadas en papel no pueden animarme, donde mis sentimientos se han barricado tan profundo buscando protección que no soy capaz de alcanzarlos.
El sentimiento es familiar, somos viejos amigos, le doy la bienvenida con gracia.

Es en esos momentos donde me pregunto de qué sirve que intente, y la respuesta parece ser que no tiene importancia.
Quizá, muy profundo, pienso que al menos podría justificar mi fracaso académico con una no-fracasada existencia social. Amigos, pareja, lo que sea.
Lo que fuera.

Pero no.

La soledad nunca me ha molestado, quizá porque nunca me sentí particularmente solitaria.
Pero esa era la yo del pasado, la yo que está pintada de sepia y a la que se comen las polillas. Esa yo ya no existe y mi falso bote de conocimiento y estabilidad hace mucho encalló y terminó destrozado, lanzando astillas de madera y lastimando todo lo que estuviera a su alcance.

Quizá sea porque no creo en el potencial, no realmente. Si lo ven en mi, si realmente existe en mi interior; no importa.
No borra que soy creación de fracasos, que es lo que me representa y me define.

Es un poco triste, pensar de esa manera; pero no evita que sea verdad.

Que si miro de cerca sólo soy todo lo que está mal conmigo en primer lugar.